Catequesis del Papa

Catequesis sobre los Hechos de los Ap√≥stoles. 2. Se present√≥ a ellos […] vive […]. Les dio esta orden: […] Espere […] aquel que el Padre ha prometido (Hch 1,3.4).

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre el Libro de los Hechos de los Ap√≥stoles. Este libro b√≠blico, escrito por San Lucas Evangelista, nos habla del viaje ‚Äďde un viaje: pero, ¬Ņde qu√© viaje? Del viaje del Evangelio en el mundo y nos muestra la maravillosa uni√≥n entre la Palabra de Dios y el Esp√≠ritu Santo que inaugura el tiempo de la evangelizaci√≥n. Los protagonistas de los Hechos son realmente una ¬ępareja¬Ľ viva y efectiva: la Palabra y el Esp√≠ritu.

Dios ¬ęenv√≠a a la tierra su mensaje¬Ľ y ¬ęa toda prisa corre su palabra¬Ľ, dice el Salmo (147, 4). La Palabra de Dios corre, es din√°mica, riega todo el terreno en el que cae. ¬ŅY cu√°l es su fuerza? San Lucas nos dice que la palabra humana se hace efectiva no gracias a la ret√≥rica, que es el arte del hermoso discurso, sino gracias al Esp√≠ritu Santo, que es la¬†d√Ĺnamis¬†de Dios, la din√°mica de Dios, su fuerza, que tiene el poder de purificar la palabra, para hacerla portadora de vida. Por ejemplo, en la Biblia hay historias, palabras humanas; pero, ¬Ņcu√°l es la diferencia entre la Biblia y un libro de historia? Que las palabras de la Biblia est√°n tomadas del Esp√≠ritu Santo, que da una fuerza muy grande, una fuerza diversa y nos ayuda para que la palabra sea semilla de santidad, semilla de vida, que sea eficaz. Cuando el Esp√≠ritu visita la palabra humana, se vuelve din√°mico, como ¬ędinamita¬Ľ, que es capaz de iluminar corazones y hacer saltar patrones, resistencias y muros de divisi√≥n, abriendo nuevos caminos y expandiendo los l√≠mites del pueblo de Dios. Y esto lo veremos en el recorrido de estas catequesis, en el libro de los Hechos de los Ap√≥stoles.

Quien da vibrante sonoridad e incisividad a nuestra frágil palabra humana, incluso capaz de mentir y escapar de sus responsabilidades, es solo el Espíritu Santo, por medio del cual se generó el Hijo de Dios; el Espíritu que lo ungió y lo sostuvo en la misión; El Espíritu gracias al cual escogió a sus apóstoles y que garantizó a su anuncio la perseverancia y la fecundidad, como se las garantiza también hoy a nuestro anuncio.

El Evangelio termina con la resurrecci√≥n y la ascensi√≥n de Jes√ļs, y la trama narrativa de los Hechos de los Ap√≥stoles comienza aqu√≠, desde la sobreabundancia de la vida del Resucitado transfundida en su Iglesia. San Lucas nos dice que Jes√ļs ¬ęse les present√≥ d√°ndoles muchas pruebas de que viv√≠a, apareci√©ndoseles durante cuarenta d√≠as y habl√°ndoles acerca de lo referente al Reino de Dios¬Ľ (Hechos¬†1, 3). El Resucitado, Jes√ļs Resucitado, hace gestos muy humanos, como compartir una comida con los suyos, y los invita a esperar confiadamente el cumplimiento de la promesa del Padre: ¬ęser√©is bautizados en el Esp√≠ritu Santo¬Ľ (Hechos¬†1, 5).

El bautismo en el Esp√≠ritu Santo, de hecho, es la experiencia que nos permite entrar en una comuni√≥n personal con Dios y participar en su voluntad salvadora universal, adquiriendo el don de la¬†parres√≠a, la valent√≠a, es decir, la capacidad de pronunciar una palabra ¬ęcomo hijos de Dios¬Ľ, no solo como hombres sino como hijos de Dios: una palabra clara, libre, efectiva, llena de amor por Cristo y por los hermanos.

Por lo tanto, no hay que luchar para ganar o merecer el don de Dios. Todo se da gratis y a su debido tiempo. El Se√Īor da todo gratuitamente. La salvaci√≥n no se compra, no se paga: es un don gratuito. Frente a la ansiedad de saber de antemano el momento en que suceder√°n los eventos anunciados por √Čl, Jes√ļs responde a los suyos: ¬ęA vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibir√©is la fuerza del Esp√≠ritu Santo, que vendr√° sobre vosotros, y ser√©is mis testigos en Jerusal√©n, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra¬Ľ (Hechos¬†1,7-8).

El Resucitado invita a sus seguidores a no vivir el presente con ansiedad, sino a hacer una alianza con el tiempo, a saber c√≥mo esperar el desenlace de una historia sagrada que no se ha interrumpido sino que avanza, va siempre hacia adelante; a saber c√≥mo esperar los ¬ępasos¬Ľ de Dios, Se√Īor del tiempo y del espacio. El Resucitado invita a su gente a no ¬ęfabricar¬Ľ la misi√≥n por s√≠ mismos, sino a esperar que el Padre dinamice sus corazones con su Esp√≠ritu, para poder involucrarse en un testimonio misionero capaz de irradiarse de Jerusal√©n a Samaria e ir m√°s all√° de las fronteras de Israel para llegar a las periferias del mundo.

Esta espera los ap√≥stoles la viven juntos, la viven como la familia del Se√Īor, en la sala superior o cen√°culo, cuyos muros a√ļn son testigos del regalo con el que Jes√ļs se entreg√≥ a los suyos en la Eucarist√≠a. ¬ŅY c√≥mo aguardan la fortaleza, la¬†d√Ĺnamis¬†de dios? Rezando con perseverancia, como si no fueran tantos sino uno. Rezando en unidad y con perseverancia. De hecho, es a trav√©s de la oraci√≥n como uno supera la soledad, la tentaci√≥n, la sospecha y abre su coraz√≥n a la comuni√≥n. La presencia de las mujeres y de Mar√≠a, la madre de Jes√ļs, intensifica esta experiencia: primero aprendieron del Maestro a dar testimonio de la fidelidad del amor y la fuerza de la comuni√≥n que supera todo temor.

Tambi√©n le pedimos al Se√Īor la paciencia para esperar sus pasos, para no querer ¬ęfabricar¬Ľ nosotros su obra y para permanecer d√≥ciles rezando, invocando al Esp√≠ritu y cultivando el arte de la comuni√≥n eclesial.

 

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