Catequesis del Papa

Catequesis sobre los Hechos de los Ap√≥stoles 13. ¬ęDios abri√≥ los paganos la puerta de la fe¬Ľ (cf. Hch 14,27). La misi√≥n de Pablo y Bernab√© y el concilio de Jerusal√©n

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El libro de los Hechos de los Ap√≥stoles nos dice que san Pablo, despu√©s de ese encuentro transformador con Jes√ļs, es acogido por la Iglesia de Jerusal√©n gracias a la mediaci√≥n de Bernab√© y comienza a anunciar a Cristo. Pero, debido a la hostilidad de algunos, se ve obligado a trasladarse a Tarso, su ciudad natal, donde Bernab√© se une a √©l para involucrarlo en¬†el largo viaje de la Palabra de Dios. El libro de los Hechos de los Ap√≥stoles, que estamos comentando en estas catequesis, puede decirse que es el libro del largo camino de la Palabra de Dios: la Palabra de Dios debe ser anunciada, y anunciada en todas partes. Este viaje comienza despu√©s de una fuerte persecuci√≥n (cf.¬†Hch¬†11,19); pero esta, en vez de ser un comp√°s de espera para la evangelizaci√≥n, se convierte en una oportunidad para ampliar el campo donde sembrar la buena semilla de la Palabra. Los cristianos no se asustan. Deben huir, pero huyen con la Palabra, y la difunden por todas partes.

Pablo y Bernab√© llegaron primero a Antioqu√≠a de Siria, donde se quedan un a√Īo entero para ense√Īar y ayudar a la comunidad a echar ra√≠ces (cf.¬†Hch¬†11,26). Anunciaban a la comunidad jud√≠a, a los jud√≠os. Antioqu√≠a se convierte as√≠ en el centro de propulsi√≥n misionera, gracias a la predicaci√≥n con la que los dos evangelizadores ‚ÄēPablo y Bernab√©‚Äē llegan a los corazones de los creyentes, que aqu√≠, en Antioqu√≠a, son llamados por primera vez ¬ęcristianos¬Ľ (cf.¬†Hch¬†11, 26).

El libro de los Hechos revela la naturaleza de la Iglesia, que no es una fortaleza, sino una tienda capaz de ampliar su espacio (cf.¬†Is¬†54,2) y de dar cabida a todos. La Iglesia o es ‚Äúen salida‚ÄĚ o no es Iglesia, o est√° en camino, ampliando siempre su espacio para que todos puedan entrar, o no es Iglesia. ¬ęUna Iglesia con las puertas abiertas¬Ľ (Exhort. Ap.¬†Evangelii Gaudium, 46), siempre con las puertas abiertas. Cuando veo una iglesita aqu√≠, en esta ciudad, o cuando la ve√≠a en la otra di√≥cesis de d√≥nde vengo, con las puertas cerradas, creo que es una mala se√Īal. Las iglesias siempre deben tener las puertas abiertas porque son el s√≠mbolo de lo que es una iglesia: siempre abierta. La Iglesia est√° ¬ęllamada a ser siempre la casa abierta del Padre. […] De ese modo si alguien quiere seguir una moci√≥n del Esp√≠ritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrar√° con la frialdad de unas puertas cerradas¬Ľ (ib√≠d., 47).

¬ŅPero esta novedad de las¬†puertas abiertas a qui√©n?¬†A los paganos, porque los ap√≥stoles predicaban a los jud√≠os, pero tambi√©n los paganos ven√≠an a llamar a la puerta de la Iglesia; y esta novedad de las puertas abiertas a los paganos desencadena una controversia muy animada. Algunos jud√≠os afirman la necesidad de hacerse jud√≠os mediante la circuncisi√≥n para salvarse y luego recibir el bautismo. Dicen: ¬ęSi no os circuncid√°is conforme a la costumbre mosaica no pod√©is salvaros¬Ľ (Hch¬†15,1), es decir, no podr√©is recibir el bautismo m√°s tarde. Primero el rito jud√≠o y luego el bautismo: esta era su postura. Y para resolver la cuesti√≥n, Pablo y Bernab√© consultan al consejo de los Ap√≥stoles y de los ancianos en Jerusal√©n, y tiene lugar lo que se considera el primer concilio en la historia de la Iglesia,¬†el concilio o asamblea de Jerusal√©n, al que Pablo se refiere en la Carta a los G√°latas (2,1-10).

Se aborda una cuesti√≥n teol√≥gica, espiritual y disciplinaria muy delicada: es decir,¬†la relaci√≥n entre la fe en Cristo y la observancia de la Ley de Mois√©s.¬†En el curso de la asamblea son decisivos los discursos de Pedro y Santiago, ¬ęcolumnas¬Ľ de la Iglesia-madre (cf.¬†Hch¬†15,7-21;¬†G√°l¬†2,9). Invitan a no imponer la circuncisi√≥n a los paganos, sino s√≥lo a pedirles que rechacen la idolatr√≠a y todas sus expresiones. De la discusi√≥n viene el camino com√ļn, y esa decisi√≥n, ratificada con la llamada¬†carta apost√≥lica¬†enviada a Antioqu√≠a.

La asamblea de Jerusal√©n arroja una luz significativa sobre c√≥mo tratar las diferencias y buscar la ¬ęverdad en la caridad¬Ľ (Ef¬†4,15). Nos recuerda que el m√©todo eclesial de resoluci√≥n de conflictos se basa en el di√°logo, constituido por la escucha atenta y paciente y el discernimiento efectuado a la luz del Esp√≠ritu. En efecto, es el Esp√≠ritu el que ayuda a superar los cierres y las tensiones y act√ļa en los corazones para que alcancen la verdad y la bondad, para que lleguen a la unidad. Este texto nos ayuda a comprender la sinodalidad. Es interesante, como escriben la Carta: los Ap√≥stoles empiezan diciendo: ¬ęEl Esp√≠ritu Santo y nosotros¬†pensamos¬†que…¬Ľ. Es propio de la sinodalidad, de la presencia del Esp√≠ritu Santo, de lo contrario no es sinodalidad, es parlatorio, parlamento, otra cosa.

Pidamos al Se√Īor que fortalezca en todos los cristianos, especialmente en los obispos y sacerdotes, el deseo y la responsabilidad de la comuni√≥n. Que nos ayude a vivir el di√°logo, la escucha y el encuentro con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con los que est√°n lejos, para gustar y manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser en todos los tiempos ¬ęmadre jubilosa¬Ľ de muchos hijos (cf.¬†Sal¬†113, 9).

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