Catequesis del Papa

Catequesis sobre los Hechos de los Ap√≥stoles 20. ¬ęPaz […] recib√≠a todos los que la iban a encontrar. Los anunciaba el Reino de Dios […] con toda valent√≠a y sin impedimento¬Ľ (Ac 28,30-31). El encarcelamiento de Paul en Roma y la fecundidad del anuncio

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy concluimos nuestra catequesis sobre los Hechos de los Ap√≥stoles con la √ļltima etapa misionera de san Pablo: o sea Roma (cf.¬†Hch¬†28,14).

El viaje de Pablo, que ha sido uno con el del Evangelio, es una prueba de que las rutas de los hombres, si se viven en la fe, pueden convertirse en un espacio de tránsito de la salvación de Dios, a través de la Palabra de fe que es un fermento activo en la historia, capaz de transformar las situaciones y de abrir caminos siempre nuevos.

Con la llegada de Pablo al corazón del Imperio, termina el relato de los Hechos de los Apóstoles, que no se cierra con el martirio de Pablo, sino con la siembra abundante de la Palabra. El final del relato de Lucas, centrado en el viaje del Evangelio en el mundo, contiene y recapitula todo el dinamismo de la Palabra de Dios, Palabra imparable que quiere correr para comunicar la salvación a todos.

En Roma, Pablo se encuentra ante todo con sus hermanos y hermanas en Cristo, que lo acogen y le infunden valor (cf.¬†Hch¬†28,15) y cuya c√°lida hospitalidad hace pensar en lo mucho que se esperaba y deseaba su llegada. Despu√©s se le concede que viva por su cuenta bajo¬†custodia militaris, es decir, con un soldado que le haga guardia, estaba en arresto domiciliario. A pesar de su condici√≥n de prisionero, Pablo puede encontrarse con los notables jud√≠os para explicarles por qu√© se ha visto obligado a apelar al C√©sar y para hablarles del reino de Dios. Trata de convencerlos sobre Jes√ļs, partiendo de las Escrituras y mostrando la continuidad entre la novedad de Cristo y la ¬ęesperanza de Israel¬Ľ (Hch¬†28,20). Pablo se reconoce profundamente jud√≠o y ve en el Evangelio que predica, es decir, en el anuncio de Cristo muerto y resucitado, el cumplimiento de las promesas hechas al pueblo elegido.

Despu√©s de este primer encuentro informal que encuentra a los jud√≠os bien dispuestos, sigue otro m√°s oficial durante el cual, durante todo un d√≠a, Pablo anuncia el reino de Dios y trata de abrir a sus interlocutores a la fe en Jes√ļs, partiendo ¬ęde la ley de Mois√©s y de los profetas¬Ľ (Hch¬†28,23). Como no todos est√°n convencidos, denuncia el endurecimiento del coraz√≥n del pueblo de Dios, causa de su condenaci√≥n (cf.¬†Is 6,9-10), y celebra con pasi√≥n la salvaci√≥n de las naciones que, en cambio, se muestran sensibles a Dios y capaces de escuchar la palabra del Evangelio de la vida (cf.¬†Hch¬†28,28).

En este punto de la narraci√≥n, Lucas concluye su obra mostr√°ndonos no la muerte de Pablo, sino el dinamismo de su predicaci√≥n, de una Palabra que ¬ęno est√° encadenada¬Ľ (2 Tm¬†2,9) ‚ÄĒPablo no tiene libertad de ir y venir, pero es libre de hablar porque la Palabra no est√° encadenada‚ÄĒ, es una Palabra lista para dejarse sembrar plenamente por el Ap√≥stol. Pablo hace esto ¬ęcon toda valent√≠a y sin estorbo alguno¬Ľ (Hch¬†28,31), en una casa donde acoge a los que quieren recibir el anuncio del reino de Dios y conocer a Cristo. Esta casa abierta a todos los corazones que buscan es la imagen de la Iglesia que, aunque perseguida, incomprendida y encadenada, no se cansa nunca de acoger con coraz√≥n de madre a cada hombre y a cada mujer para anunciarles el amor del Padre que se ha hecho visible en Jes√ļs.

Queridos hermanos y hermanas, al final de este itinerario, vivido juntos siguiendo la carrera del Evangelio en el mundo, que el Esp√≠ritu reavive en cada uno de nosotros la llamada a ser evangelizadores valientes y gozosos. Que nos permita tambi√©n a nosotros, como a Pablo, impregnar de Evangelio nuestras casas y convertirlas en cen√°culos de fraternidad, donde podamos acoger a Cristo vivo, que ¬ęsale a nuestro encuentro en todo hombre y en todo tiempo¬Ľ (cf.¬†II Prefacio de Adviento).

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