Catequesis del Papa

Catequesis sobre la oración: 26. La oración y la Trinidad (2)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy completamos la catequesis sobre la oración como relación con la Santísima Trinidad, en particular con el Espíritu Santo.

El primer don de toda existencia cristiana es el Esp√≠ritu Santo. No es uno de los muchos dones, sino el Don fundamental. El Esp√≠ritu es el don que Jes√ļs hab√≠a prometido enviarnos. Sin el Esp√≠ritu no hay relaci√≥n con Cristo y con el Padre. Porque el Esp√≠ritu abre nuestro coraz√≥n a la presencia de Dios y lo atrae a ese ¬ętorbellino¬Ľ de amor que es el coraz√≥n mismo de Dios. Nosotros no somos solo hu√©spedes y peregrinos en el camino en esta tierra, somos tambi√©n hu√©spedes y peregrinos en el misterio de la Trinidad. Somos como Abrah√°n, que un d√≠a, acogiendo en su tienda a tres viajeros, encontr√≥ a Dios. Si podemos en verdad invocar a Dios llam√°ndolo ¬ęAbb√† ‚Äď Pap√°¬Ľ, es porque en nosotros habita el Esp√≠ritu Santo; es √Čl quien nos transforma en lo profundo y nos hace experimentar la alegr√≠a conmovedora de ser amados por Dios como verdaderos hijos. Todo el trabajo espiritual dentro de nosotros hacia Dios lo hace el Esp√≠ritu Santo, este don. Trabaja en nosotros para llevar adelante nuestra vida cristiana hacia el Padre, con Jes√ļs.

El Catecismo, al respecto, dice: ¬ęCada vez que en la oraci√≥n nos dirigimos a Jes√ļs, es el Esp√≠ritu Santo quien, con su gracia preveniente, nos atrae al camino de la oraci√≥n. Puesto que √Čl nos ense√Īa a orar record√°ndonos a Cristo, ¬Ņc√≥mo no dirigirnos tambi√©n a √©l orando? Por eso, la Iglesia nos invita a implorar todos los d√≠as al Esp√≠ritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar cualquier acci√≥n importante¬Ľ (n. 2670). Esta es la obra del Esp√≠ritu en nosotros. √Čl nos ¬ęrecuerda¬Ľ a Jes√ļs y lo hace presente en nosotros ‚ÄĒpodemos decir que es nuestra memoria trinitaria, es la memoria de Dios en nosotros‚ÄĒ y lo hace presente en Jes√ļs, para que no se reduzca a un personaje del pasado: es decir, el Esp√≠ritu trae al presente a Jes√ļs en nuestra conciencia. Si Cristo estuviera tan solo lejano en el tiempo, nosotros estar√≠amos solos y perdidos en el mundo. S√≠, recordaremos a Jes√ļs, all√≠, lejano, pero es el Esp√≠ritu que lo trae hoy, ahora, en este momento en nuestro coraz√≥n. Pero en el Esp√≠ritu todo es vivificado: a los cristianos de todo tiempo y lugar se les abre la posibilidad de encontrar a Cristo. Est√° abierta la posibilidad de encontrar a Cristo no solamente como un personaje hist√≥rico. No: √Čl atrae a Cristo en nuestros corazones, es el Esp√≠ritu quien nos hace encontrarnos con Cristo. √Čl no est√° distante, el Esp√≠ritu est√° con nosotros: Jes√ļs todav√≠a educa a sus disc√≠pulos transformando su coraz√≥n, como hizo con Pedro, con Pablo, con Mar√≠a Magdalena, con todos los ap√≥stoles. ¬ŅPero por qu√© est√° presente Jes√ļs? Porque es el Esp√≠ritu quien lo trae en nosotros.

Es la experiencia que han vivido muchos orantes: hombres y mujeres que el Esp√≠ritu Santo ha formado seg√ļn la ¬ęmedida¬Ľ de Cristo, en la misericordia, en el servicio, en la oraci√≥n, en la catequesis‚Ķ Es una gracia poder encontrar personas as√≠: nos damos cuenta que en ellos late una vida diferente, su mirada ve ¬ęm√°s all√°¬Ľ. No pensemos solo en los monjes, los eremitas; se encuentran tambi√©n entre la gente com√ļn, gente que ha tejido una larga vida de di√°logo con Dios, a veces de lucha interior, que purifica la fe. Estos testigos humildes han buscado a Dios en el Evangelio, en la Eucarist√≠a recibida y adorada, en el rostro del hermano en dificultad, y custodian su presencia como un fuego secreto.

La primera tarea de los cristianos es precisamente mantener vivo este fuego, que Jes√ļs ha tra√≠do a la tierra (cf. Lc 12,49), ¬Ņy cu√°l es este fuego? Es el amor, el Amor de Dios, el Esp√≠ritu Santo. Sin el fuego del Esp√≠ritu las profec√≠as se apagan, la tristeza suplanta la alegr√≠a, la costumbre sustituye al amor, el servicio se transforma en esclavitud. Viene a la mente la imagen de la l√°mpara encendida junto al tabern√°culo, donde se conserva la Eucarist√≠a. Tambi√©n cuando la iglesia se vac√≠a y cae la noche, tambi√©n cuando la iglesia est√° cerrada, esa l√°mpara permanece encendida, contin√ļa ardiendo: no la ve nadie, pero arde ante el Se√Īor. As√≠ es el Esp√≠ritu en nuestro coraz√≥n, est√° siempre presente como esa l√°mpara.

Encontramos tambi√©n escrito en el Catecismo: ¬ęEl Esp√≠ritu Santo, cuya unci√≥n impregna todo nuestro ser, es el Maestro interior de la oraci√≥n cristiana. Es el art√≠fice de la tradici√≥n viva de la oraci√≥n. Ciertamente hay tantos caminos en la oraci√≥n como orantes, pero es el mismo Esp√≠ritu el que act√ļa en todos y con todos. En la comuni√≥n en el Esp√≠ritu Santo la oraci√≥n cristiana es oraci√≥n en la Iglesia¬Ľ (n. 2672). Muchas veces sucede que nosotros no rezamos, no tenemos ganas de rezar o muchas veces rezamos como loros con la boca pero el coraz√≥n est√° lejos. Este es el momento de decir al Esp√≠ritu: ¬ęVen, ven Esp√≠ritu Santo, calienta mi coraz√≥n. Ven y ens√©√Īame a rezar, ens√©√Īame a mirar al Padre, a mirar al Hijo. Ens√©√Īame c√≥mo es el camino de la fe. Ens√©√Īame c√≥mo amar y sobre todo ens√©√Īame a tener una actitud de esperanza.¬Ľ Se trata de llamar al Esp√≠ritu continuamente para que est√© presente en nuestras vidas.

Es por tanto el Esp√≠ritu quien escribe la historia de la Iglesia y del mundo. Nosotros somos p√°ginas abiertas, disponibles a recibir su caligraf√≠a. Y en cada uno de nosotros el Esp√≠ritu compone obras originales, porque no habr√° nunca un cristiano completamente id√©ntico a otro. En el campo infinito de la santidad, el √ļnico Dios, Trinidad de Amor, hace florecer la variedad de los testigos: todos iguales por dignidad, pero tambi√©n √ļnicos en la belleza que el Esp√≠ritu ha querido que se irradiase en cada uno de aquellos que la misericordia de Dios ha hecho sus hijos. No lo olvidemos, el Esp√≠ritu est√° presente, est√° presente en nosotros. Escuchemos al Esp√≠ritu, llamemos al Esp√≠ritu ‚ÄĒes el don, el regalo que Dios nos ha hecho‚ÄĒ y dig√°mosle: ¬ęEsp√≠ritu Santo, yo no s√© c√≥mo es tu rostro¬Ľ ‚ÄĒno lo conocemos‚ÄĒ ¬ępero s√© que t√ļ eres la fuerza, que t√ļ eres la luz, que t√ļ eres capaz de hacerme ir adelante y de ense√Īarme c√≥mo rezar. Ven Esp√≠ritu Santo.¬Ľ Una bonita oraci√≥n esta: ¬ęVen, Esp√≠ritu Santo.¬Ľ

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