Catequesis del Papa

Catequesis sobre el bautismo: 4. Fuente de vida

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Prosiguiendo con la reflexión sobre el bautismo, hoy quisiera detenerme en los ritos centrales, que se desarrollan en la pila bautismal. Consideramos en primer lugar el agua, sobre la cual se invoca el poder del Espíritu para que tenga la fuerza de regenerar y renovar (cf. Juan 3, 5 y Tito 3, 5). El agua es matriz de vida y de bienestar, mientras que su falta provoca la extinción de toda fecundidad, como sucede en el desierto; pero el agua puede ser también causa de muerte, cuando sumerge entre sus olas o en grandes cantidades arrasa con todo; finalmente, el agua tiene la capacidad de lavar, limpiar y purificar.

A partir de este simbolismo natural, universalmente reconocido, la Biblia describe las intervenciones y las promesas de Dios a trav√©s del signo del agua. A√ļn as√≠, el poder de perdonar los pecados no est√° en el agua en s√≠, como explicaba san Ambrosio a los nuevos bautizados: ¬ęHas visto el agua, pero no toda el agua resana: resana el agua que tiene la gracia de Cristo [‚Ķ] La acci√≥n es del agua, la eficacia es del Esp√≠ritu Santo¬Ľ (De sacramentis¬†1, 15). Por eso la Iglesia invoca la acci√≥n del Esp√≠ritu sobre el agua ¬ępara que aquellos que en ella reciban el bautismo, sean sepultados con Cristo en la muerte y con √Čl resuciten a la vida inmortal¬Ľ (Rito del Bautismo de los ni√Īos, n. 60). La oraci√≥n de bendici√≥n dice que Dios ha preparado el agua ¬ępara ser signo del bautismo¬Ľ y recuerda las principales prefiguraciones b√≠blicas: sobre las aguas de los or√≠genes se libraba el Esp√≠ritu para hacerlas semilla de vida (cf.¬†G√©nesis¬†1, 1-2); el agua del diluvio marc√≥ el final del pecado y el inicio de la vida nueva (cf.¬†G√©nesis¬†7, 6-8, 22); a trav√©s del agua del Mar Rojo fueron liberados de la esclavitud de Egipto los hijos de Abraham (cf.¬†√Čxodo¬†14, 15-31). En relaci√≥n con Jes√ļs, se recuerda el bautismo en el Jord√°n (cf.¬†Mateo¬†3, 1 3-17), la sangre y el agua derramados de su costado (cf.¬†Juan¬†19, 31-37), y el mandato a los disc√≠pulos de bautizar a todos los pueblos en el nombre de la Trinidad (cf.¬†Mateo¬†28, 19). Fortalecidos por tal recuerdo, se pide a Dios infundir en el agua de la pila la gracia de Cristo muerto y resucitado (cf.¬†Rito del bautismo de los ni√Īos, n. 60). Y as√≠, esta agua viene transformada en agua que lleva en s√≠ la fuerza del Esp√≠ritu Santo. Y con esta agua con la fuerza del Esp√≠ritu Santo, bautizamos a la gente, bautizamos a los adultos, a los ni√Īos, a todos.

Santificada el agua de la pila, es necesario disponer el coraz√≥n para acceder al bautismo. Esto sucede con la renuncia a Satan√°s y la profesi√≥n de fe, dos actos estrechamente conectados entre ellos. En la medida en la que digo ¬ęno¬Ľ a las sugestiones del diablo ‚ÄĒaquel que divide‚ÄĒ soy capaz de decir ¬ęs√≠¬Ľ a Dios que me llama a adaptarme a √Čl en los pensamientos y en las obras. El diablo divide; Dios une siempre la comunidad, la gente en un solo pueblo. No es posible adherirse a Cristo poniendo condiciones. Es necesario despegarse de ciertas uniones para poder abrazar realmente otros; o est√°s bien con Dios o est√°s bien con el diablo. Por esto la renuncia y el acto de fe van juntos. Es necesario cortar los puentes, dej√°ndoles a la espalda, para emprender el nuevo Camino que es Cristo.

La respuesta a las preguntas ‚ÄĒ¬ę¬ŅRenunci√°is a Satan√°s, a todas sus obras, y a todas sus seducciones?¬Ľ‚ÄĒ est√° formulada en primera persona del singular: ¬ęRenuncio¬Ľ. Y de la misma forma es profesada la fe de la Iglesia, diciendo: ¬ęCreo¬Ľ. Yo renuncio y yo creo: esta es la base del bautismo. Es una elecci√≥n responsable, que exige ser traducida en gestos concretos de confianza en Dios. El acto de fe supone un compromiso que el mismo bautismo ayudar√° a mantener con perseverancia en las diferentes situaciones y pruebas de la vida. Recordamos la antigua sabidur√≠a de Israel: ¬ęHijo, si te llegas a servir al Se√Īor, prepara tu alma para la prueba¬Ľ (Eclesi√°stico¬†2, 1), es decir, prep√°rate a la lucha. Y la presencia del Esp√≠ritu Santo nos da la fuerza para luchar bien.

Queridos hermanos y hermanas, cuando mojamos la mano en el agua bendecida ‚ÄĒentrando en una iglesia tocamos el agua bendecida‚ÄĒ y hacemos la se√Īal de la cruz, pensemos con alegr√≠a y gratitud en el bautismo que hemos recibido ‚ÄĒesta agua bendecida nos recuerda el bautismo‚ÄĒ y renovamos nuestro ¬ęAm√©n¬Ľ ‚ÄĒ¬ęEstoy contento¬Ľ‚ÄĒ, para vivir inmersos en el amor de la Sant√≠sima Trinidad.

 

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