Catequesis del Papa

Catequesis sobre los Mandamientos – 11a. No cometas adulterio

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre los Mandamientos, llegamos hoy a la Sexta Palabra, que est√° relacionada con la dimensi√≥n afectiva y sexual y reza: ¬ęNo cometer√°s adulterio¬Ľ. La llamada inmediata es a la fidelidad, pues no hay aut√©ntica relaci√≥n humana sin lealtad y fidelidad. No se puede amar solo cuando ¬ęconviene¬Ľ. El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas. Como afirma el¬†Catecismo: ¬ęEl aut√©ntico amor tiende por s√≠ mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero¬Ľ (n.¬†1646). La fidelidad es la caracter√≠stica de una relaci√≥n humana libre, madura, responsable. Tambi√©n un amigo demuestra que es aut√©ntico cuando sigue si√©ndolo en todas las circunstancias; de lo contrario no es un amigo. Cristo revela el amor aut√©ntico, √Čl que vive del amor sin l√≠mites del Padre y en base a esto es el Amigo fiel que nos acoge tambi√©n cuando nos equivocamos y quiere siempre nuestro bien, incluso cuando no lo merecemos.

El ser humano necesita ser amado sin condiciones, y quien no recibe esta acogida lleva en s√≠ algo incompleto, a menudo sin saberlo. El coraz√≥n humano busca llenar ese vac√≠o con suced√°neos, componendas y mediocridades, que de amor solo tienen un vago sabor. El riesgo es el de llamar ¬ęamor¬Ľ a relaciones est√©riles e inmaduras, con la falsa ilusi√≥n de encontrar all√≠ un poco de luz y de vida, en algo que, en el mejor de los casos, es solo un reflejo.

As√≠, se sobrevalora, por ejemplo, la atracci√≥n f√≠sica, que en s√≠ misma es un don de Dios, pero que est√° orientada para preparar el camino a una relaci√≥n personal aut√©ntica y fiel con la persona. Como dec√≠a San¬†Juan Pablo II, el ser humano ¬ęest√° llamado a la plena y madura espontaneidad de las relaciones¬Ľ que ¬ęes el fruto gradual del discernimiento de los impulsos del propio coraz√≥n¬Ľ (cf.¬†Catequesis, 12 de noviembre de 1980).

La llamada a la vida conyugal requiere, por tanto, un discernimiento cuidadoso sobre la calidad de la relaci√≥n y un tiempo de noviazgo para verificarla. Para acceder al Sacramento del matrimonio, los novios tienen que madurar la certeza de que en su v√≠nculo est√° la mano de Dios, que les precede y les acompa√Īa y les permitir√° decir: ¬ęCon la gracia de Dios prometo serte fiel siempre¬Ľ. No pueden prometerse fidelidad ¬ęen la alegr√≠a y en la pena, en la salud y en la enfermedad¬Ľ ni amarse y honrarse todos los d√≠as de sus vidas solo sobre la base de la buena voluntad o de la esperanza de que ¬ęla cosa funcione¬Ľ. Necesitan basarse en el terreno s√≥lido del amor fiel de Dios. Y por eso, antes de recibir el Sacramento del Matrimonio, es necesaria una cuidadosa preparaci√≥n, dir√≠a un catecumenado, porque se juega toda la vida en el amor, y con el amor no se bromea. No se puede definir como ¬ępreparaci√≥n al matrimonio¬Ľ a tres o cuatro conferencias en la parroquia; no, esta no es la preparaci√≥n: esta es una falsa preparaci√≥n. Y la responsabilidad de quien hace esto cae sobre √©l: sobre el p√°rroco, sobre el obispo que permite estas cosas. La preparaci√≥n debe ser madura y requiere tiempo. No es un acto formal: es un Sacramento. Pero se debe preparar con un verdadero catecumenado.

La fidelidad, de hecho, es un modo de ser, un estilo de vida. Se trabaja con lealtad, se habla con sinceridad, se permanece fieles a la verdad en los propios pensamientos, en las propias acciones. Una vida tejida de fidelidad se expresa en todas las dimensiones y conduce a ser hombres y mujeres fieles y confiables en todas las circunstancias.

Pero para llegar a una vida tan hermosa no basta nuestra naturaleza humana, es necesario que la fidelidad de Dios entre en nuestra existencia, nos contagie. Esta Sexta Palabra nos llama a dirigir la mirada a Cristo, que con su fidelidad puede sacar de nosotros un coraz√≥n ad√ļltero y darnos un coraz√≥n fiel. En √Čl, y solo en √Čl est√° el amor sin reservas ni replanteamientos, la entrega completa sin par√©ntesis y la tenacidad de la acogida hasta el fondo. De su muerte y resurrecci√≥n deriva nuestra fidelidad, de su amor incondicional deriva la constancia en las relaciones. De la comuni√≥n con √Čl, con el Padre y con el Esp√≠ritu Santo deriva la comuni√≥n entre nosotros y el saber vivir nuestros v√≠nculos en la fidelidad.

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