Catequesis del Papa

Catequesis sobre los Mandamientos – 13. No digas falsos testigos

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis de hoy afrontaremos la Octava Palabra del Dec√°logo: ¬ęNo dar√°s testimonio falso contra tu pr√≥jimo¬Ľ. Este mandamiento ‚ÄĒdice el Catecismo‚ÄĒ ¬ęproh√≠be falsear la verdad en las relaciones con el pr√≥jimo¬Ľ (n. 2464). Vivir de comunicaciones no aut√©nticas es grave porque impide las relaciones rec√≠procas y por tanto, impide el amor. Donde hay mentira no hay amor, no puede haber amor. Y cuando hablamos de comunicaci√≥n entre las personas entendemos no solo las palabras, sino tambi√©n los gestos, los comportamientos, incluso los silencios y las ausencias. Una persona habla con todo lo que es y lo que hace. Todos nosotros estamos en comunicaci√≥n, siempre. Todos nosotros vivimos comunicando y estamos continuamente en vilo entre la verdad y la mentira.

Pero, ¬Ņqu√© significa decir la verdad? ¬ŅSignifica ser sinceros? ¬ŅO exactos? En realidad, esto no basta, porque se puede estar sinceramente equivocado, o se puede ser precisos en el detalle pero sin captar el sentido del conjunto. A veces nos justificamos diciendo: ¬ęPero yo he dicho lo que sent√≠a¬Ľ. S√≠, pero has extremado tu punto de vista. O: ¬ęhe dicho completamente la verdad¬Ľ. Puede ser, pero has revelado hechos personales o reservados. Cuantas habladur√≠as destruyen la comuni√≥n por inoportunidad o falta de delicadeza. Es m√°s, las habladur√≠as matan y esto lo dice el ap√≥stol Santiago en su Carta. El chismoso, la chismosa son gente que mata: mata a los dem√°s, porque la lengua mata como un cuchillo. ¬°Tened cuidado! Un chismoso o una chismosa es un terrorista, porque con su lengua lanza la bomba y se va tranquilo, pero lo que dice, esa bomba lanzada, destruye la fama del pr√≥jimo. No lo olvid√©is: decir habladur√≠as es matar. Pero entonces: ¬Ņqu√© es la verdad? Esta es la pregunta hecha por Pilatos, justo mientras Jes√ļs, frente a √©l, realizaba el octavo mandamiento (cf.¬†Juan¬†18, 38). De hecho, las palabras ¬ęNo dar√°s testimonio falso contra tu pr√≥jimo¬Ľ pertenecen al lenguaje forense. Los Evangelios culminan en el relato de la Pasi√≥n, Muerte y Resurrecci√≥n de Jes√ļs; y este es el relato de un proceso, de la ejecuci√≥n de la sentencia y de una consecuencia inaudita.

Interrogado Pilatos, Jes√ļs dice: ¬ęYo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad¬Ľ (Juan18, 37). Y este ¬ętestimonio¬Ľ Jes√ļs lo da con su pasi√≥n, con su muerte. El evangelista Marcos narra que ¬ęel centuri√≥n, que se encontraba frente a √©l, que hab√≠a expirado de esa manera dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios¬Ľ (15, 39). S√≠, porque era coherente, fue coherente: con ese modo suyo de morir, Jes√ļs manifiesta al Padre su amor misericordioso y fiel. La verdad encuentra su plena realizaci√≥n en la persona misma de Jes√ļs (cf.¬†Juan¬†14, 6), en su modo de vivir y de morir, fruto de su relaci√≥n con el Padre. Esta existencia como hijos de Dios, √Čl, resucitado, nos la da tambi√©n a nosotros enviando al Esp√≠ritu Santo, que es Esp√≠ritu de verdad, que atestigua a nuestro coraz√≥n que Dios es nuestro Padre (cf.¬†Romanos¬†8, 16).

En cada acto suyo, el hombre, las personas, afirman o niegan esta verdad. Desde las peque√Īas situaciones cotidianas a las elecciones m√°s comprometidas. Pero es la misma l√≥gica, siempre: la que los padres y los abuelos nos ense√Īan cuando nos dicen que no digamos mentiras.

Pregunt√©monos: ¬Ņqu√© verdad atestiguan las obras de nosotros cristianos, nuestras palabras, nuestras elecciones? Cada uno puede preguntarse: ¬ŅYo soy un testigo de la verdad o soy m√°s o menos un mentiroso disfrazado de verdadero? Que cada uno se pregunte. Los cristianos no somos hombres y mujeres excepcionales. Sino que somos hijos del Padre celestial, el que es bueno y no nos decepciona y pone en su coraz√≥n el amor por los hermanos. Esta verdad no se dice tanto con los discursos, es un modo de existir, un modo de vivir y se ve en cada obra (cf.¬†Santiago¬†2, 18). Pero se comporta como verdadero, como verdadera. Dice la verdad, act√ļa con la verdad. Un hermoso modo de vivir para nosotros. La verdad es la revelaci√≥n maravillosa de Dios, de su rostro de Padre, es su amor sin fronteras. Esta verdad corresponde a la raz√≥n humana pero la supera infinitamente, porque es un don bajado a la tierra y encarnado en Cristo crucificado y resucitado; esto es visible para quien le pertenece y muestra sus mismas aptitudes. No dir√°s falso testimonio quiere decir vivir como hijo de Dios, que nunca, nunca se desmiente a s√≠ mismo, nunca dice mentiras; vivir como hijos de Dios, dejando emerger en cada obra la gran verdad: que Dios es Padre y que nos podemos fiar de √Čl. Yo me f√≠o de Dios: esta es la gran verdad. De nuestra confianza en Dios, que es Padre y me ama, nos ama, nace mi verdad y el ser verdadero y no mentiroso.

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